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La Frontera, Nador (1996/1997)


Los cuadros que pinté durante estos dos años que residí en el norte de Marruecos, tienen su origen en algo que me llamó profundamente la atención: el fuerte contraste entre individuo y colectivo, hombre y mujer, en paralelo con interior (lo privado, la casa, el hogar) y exterior (lo social, la calle, el mundo) manifestándose no solo como entidades diferentes sino opuestas. La casa, al exterior se manifiesta sobria, con grandes y robustos muros, sin apenas ventanas, como una fortaleza. El interior es un vergel: las habitaciones se abren a un patio central donde se respira el aroma del jazmin o el azahar, y la sensualidad de las fuentes. De igual manera, las mujeres, en el exterior, en la calle, se muestran como los muros de las casas, protegidas y ocultas.
Casa: orden, sosiego. A veces cárcel. Lugar otorgado a la mujer. Calle: desorden, suciedad. También alivio y consuelo. El hombre domina este territorio.
Esta dualidad de contrastes me sirve de punto de partida de esta serie de cuadros titulada La Frontera, y de reflexión sobre el distinto comportamiento del individuo dependiendo de si es hombre o mujer o de si se manifieste en un ámbito particular o público. La casa y la calle, el hombre y la mujer, lo privado y lo público, entidades a veces demasiado contradictorias como para convivir en armonía.

The paintings I made in the two years I lived in the north-east of Morocco were born out of something that shocked me deeply: the strong contrast between individual and collectivity, between man and woman, between indoors (privacy, home) and outdoors (social life, street, world) revealing themselves not only as different entities but also opposed. The façades of the houses are austere, with grim walls, almost windowless, life fortresses. Indoors you find rooms open to a lush central patio where you can breathe the scent of jasmine and orange blossom and enjoy the sensuality of the fountains. In a similar way, women in the street show themselves like the house, hidden and protected. Home: order, quiet, sometimes prison, a space for women. Street: disorder, dirt, but also relief and consolation. Men rule over this territory.This duality is the origin of this project, The Frontier, a reflection on the different behavior of the individual depending on whether it is a man or a woman or on whether he or she acts privately or in public, Home and street, man and woman, private and public, entities sometimes too contradictory to be able to coexist.